domingo, 25 de octubre de 2009

HABLEMOS DE MI IDEOLOGÍA




Hace algunos días, desde algún anónimo si mal no recuerdo, se comentaba la coincidencia en algunos asuntos a pesar de no estar de acuerdo con mi ideología. Esa palabra tan profunda, ideología, me llevo a reflexionar y a adquirir el compromiso de escribir aquí sobre mi ideología y los principios que guían mi forma de pensar, de actuar y hasta de vivir. Y no escribo simplemente por el hecho de dar a conocer mis pensamientos, si no más bien para que ustedes los puedan contrastar con los suyos y evaluar el grado de diferencia.

Lo primero y primordial para las personas que creemos en el nuevo socialismo es que el trabajo siempre está por encima del capital, o lo que es lo mismo las personas están por encima del dinero y del negocio. Necesitamos planificar (o democratizar) la economía para desarrollarnos como nación, para generar empleo y para que todo el mundo pueda tener un trabajo con un sueldo digno.

Lo segundo, es que tengo el convencimiento de que estamos ante un cambio de época. Ha llegado el momento de que las personas comiencen a unirse para decir basta a la tiranía. Necesitamos más conciencia colectiva y más participación democrática, no se puede seguir consintiendo que los ladrones sigan llevando las riendas, hemos de dirigir nuestro propio destino.

Lo tercero, hemos de escapar de cualquier dogmatismo. Muchas doctrinas han sido elevadas al rango de ciencia, nuestro futuro no ha de dejarse engañar ni por unas ni por otras. Los retos del presente ya no son los mismos del pasado. Hemos de buscar las nuevas respuestas que los nuevos problemas requieren. Tenemos un gran potencial que aún está por explotar y para ello hemos de buscar la vía española hacía el progreso.

Cuarto, hemos de respetar y potenciar nuestra propia diversidad cultural. Para ello, España ha de convertirse en una República Federal donde cada lengua, cada cultura, cada individuo sean iguales ante la ley, respetados y potenciados. Y el estado central ha de velar para que ello se cumpla y para evitar las posibles desigualdades entre federaciones, culturas e individuos.

Quinto, quiero un estado soberano y sin injerencias externas. Fuera las bases yanquís de nuestro país y salida inmediata de la OTAN. Hemos de tener nuestra propia política exterior y no la que se nos marque desde las supuestas potencias mundiales. El único organismo válido para guiar nuestra política exterior ha de ser la ONU, que debemos ayudar a potenciar como marco de encuentro entre las naciones.

Sexto, hemos de desarrollar nuestro futuro en armonía con el medioambiente. No es posible que el ser humano siga destruyendo los hábitats naturales y en definitiva la tierra sin pensar en lo que está haciendo. El ser humano y la tierra son un todo indisoluble y si no nos mentalizamos de ello acabaremos cavando nuestra propia tumba, la de ambos.

Y por último hemos de constituirnos como el país de la cultura. Necesitamos potenciar la cultura en todas sus vertientes. Necesitamos lanzar el I+D+I, potenciar nuestros estudiantes como el futuro que son, necesitamos centros de investigación, poner el conocimiento por delante del dinero fácil, buscar soluciones a los problemas.

Pues bien señores y señoras, ahí tienen un pequeño resumen de que es eso de mi ideología, una palabra profunda y que debe decir mucho, aunque, desgraciadamente, en el mundo actual se ha gastado de tanto usarla y poco tiene ya que decir.

2 comentarios:

John Cornford dijo...

Ahí está lo paradójico: la gente habla de forma excesivamente gratuita de la ideología "de izquierdas" y en multitud de ocasiones apenas se ha detenido unos minutos a reflexionar sobre lo que lleva aparejada. Se puede ser más o menos radical en las propuestas (aunq la nacionalización de la banca q siempre propuso la "izquierda radical" ahora hasta la proponen algunos sectores de derecha incluso reaccionaria) pero en estos puntos que tú enuncias pocos son los que podrán decir que se oponen abiertamente... porque, dicho sea, muchos de ellos son lugares comunes, aunque marginados por las exigencias de la alta política derivada de la partitocracia.

Un saludo.

JOSE GONZÁLEZ DÍAZ dijo...

Deberían de ser lugares comunes, pero el ritmo trepidante de las cosas, la locura a la que nos enfrentamos, hace que estos conceptos tan simples y que deberían de ser asumidos con normalidad por el común de la gente, se conviertan en un lujo y los que las defendemos seamos tachados de radicales.

Al final lo que vengo a proponer es los principios que alimentaron la segunda República y que se perdieron en el olvido para 70 años después ser vistos como una utopía.

Vamos, de locos.